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El partido más largo (japezoa)

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Mi abuelo ya no recuerda nada, o casi nada. 
Ni mi nombre, ni el suyo, pero cada vez que me ve con una pelota, 
le brillan sus ojos, agita la mano como pidiéndola y grita:

—¡Tócala de primera pu cabro!

Yo se la toco despacito. Y así jugamos, como antes, aunque ya no se acuerde que es mi abuelo.

Un segundo que duró toda la infancia

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Empezó a correr. Pero no fue una corrida como las otras. No era la banda derecha del Arsenal. No era el pique de barrio en Tocopilla. Era esa distancia entre el punto blanco y el abismo.

Alexis pensaba —aunque no quería pensar, y eso lo asustaba más— que había estado corriendo toda la vida para llegar a ese segundo. Desde que tenía ocho, desde que lavaba autos y le pegaba al balón con rabia en vez de llorar. Que todo lo había hecho para llegar justo ahí, a ese plano congelado donde solo él avanzaba y todo lo demás —el estadio, los gritos, la historia— estaba en pausa.

Vio al arquero. Bravo le había dicho: “Córtala y pégale fuerte, como siempre”. Pero él no quería fuerte. Quería silencio. Quería estilo. Quería terminar esto como en las películas que no se filman.

Porque esto, lo que estaba pasando, no era cine. Era más que cine. Era la escena que nadie cree hasta que la vive.

Pensó en Arturo, en Valdivia, en el llanto que le subiría por la garganta si fallaba. En su mamá. En Chile entero. En el balón, que parecía mirarlo con esa cara de “decídete, pero ya”.

Y en ese momento exacto, justo antes del golpe, cuando ya no era humano sino una ráfaga de pasado y músculos, Alexis Sánchez decidió que no iba a patear: iba a escribir.


El pie derecho bajó.

La pelota lo esperaba.


Y el resto, el resto fue país.

TV Tiempo (japezoa)

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Con mi hermano armábamos partido en el "pasillo" de la casa. La cancha iba de punta a punta y era piso de madera, de esos que se limpiaban con virutilla, cera Virginia y el chancho. El arco de mi hermano era la puerta que separaba el Living y el mio quedaba al lado de la tele.
 
Jamás nos decían nada, aunque volaba la pelota para cualquier lado, los goles se celebraban hasta con  relatos como los de la radio. Ahora, todo eso cambiaba cuando empezaba el TV Tiempo, ahí la Tía Carmen era Castrilli, se paraba todo, lo máximo era "Ya pus dejen escuchar esto no más y después juegan todo lo que quieran" si seguíamos jodiendo. Hasta ahí llegábamos.

Igual yo no sé para que tanta atención, si ni siquiera nos consideraban como ciudad en esa época: "Ahhh va a estar bueno en Chillán mañana, así que va a estar bueno acá", decía mi tía, que era lo mismo que escuchar el pitazo para reanudar el partido...

Los Partidos de Zamorano (japezoa)

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Muchos ni siquiera se pueden imaginar un mundo sin Internet, imagínense uno sin siquiera celulares y sólo 2 canales, TVN y Canal 13. El Megavisión llegó recién en los 90 y encima llegaba todo llovido, algo de que las antenas estaban más cerca de Chillán porque era más grande nos decían algun que lo escuchó quizás de quién, la cosa es que la nuestra al menos, había que dirigirla para el Norte, pero TVN y Canal 13 se veían bien cuando estaba para el Oeste. Cuando el Colo iba a jugar la final de la Liberadores, ahí si que vi ollas, tapas de ollas y cuanta cosa exista para las "Parabólicas marca ACME", algunos parecían Transformers.

Un par de años más no más y llegó la modernidad a la ciudad, ¡Televisión por Cable!, no me acuerdo cuántos canales habían, no creo que más de 30, pero era un mundo nuevo que se abría. El tema es que salía carísimo, por lo que no todos lo tenían, o mejor dicho muy poco de mis amigos lo tenían. Por esas cosas del destino, justo el papá del Claudio que era Contador, le llegó llevar la contabilidad de esa empresa, algo así con Cablevisión Bío Bío. Con eso fue de los primeros en tener cable.

Ahí conocí MTV y Alfredo Lewin, que creía tenía la pega más bacán de todo el planeta, o sea le pagaban por pasar videos de grupos de música y conocerlos. También me acuerdo haber ido a ver la pelea de Mike Tyson que duró como 10 segundos. El canal que lo transmitía, que era de Colombia, Caracol, tuvo que empezar a anunciar a todos los auspiciadores de una, porque los tenía distribuido para los 15 round, estuvo como 5 minutos diciéndolos, hasta el almacén de la esquina nombró. Otra cosa que me enteré ahí y que siempre recuerdo, era que me enteré que empezó la Guerra entre EEUU e Irak, la Guerra del Golfo. A propósito de MTV, Slayer estaba tocando un concierto en contra de ella en ese mismo momento. Mandatory Suicide.

En ese mismo tiempo, Bam Bam Zamorano jugaba en el Real Madrid y los partidos se veían en familia, con empanadas, cazuela y ensalá a la chilena, en el almuerzo del fin de semana. En la mesa también estaban siempre: Héctor Vega Onesime diciendo algunas frases para el bronce, como "Si esa pelota entraba era gol" o las onomatopeyas "¡Ve!, ahí le pega... ¡Tic!", a Miltonteras y a Juan Miguel Ramirez, con su clásico "col, col, col".

Acá viene una anécdota o leyenda, yo nunca supe y hace pocos años mi hermano me contó. Me contaba que algunos partidos del Real Madrid los daban en diferido en Megavisión, y el Álvaro, el hermano chico del Claudio, veía antes los partidos en el cable y cuando el Real jugaba, por ejemplo de local y con un equipo que iba mal en la tabla, por ejemplo contra el Albacete y perdía, se iba al Pool de Don Lucho a ver el partido que recién iba a comenzar y le apostaba a alguien una bebida, en contra del Real. Hasta el empate le regalaba a algunos que se ponían medios duros. Alguno caía siempre, la tentación es más fuerte...

 


Autogoles (japezoa)

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Acá si que estoy perdido en tiempo y espacio, no sé a quién se le ocurrió tampoco, le puedo decir moda, pero claramente trascendió. Hasta el día de hoy me acuerdo de muchas y no pasa ni una semana y salta la palabra o la frase para acordarse.
 
La cosa era así, alguien se equivocaba en alguna palabra o frase, y lo webiaban tanto con eso, que yo tya las tengo pegadas hasta que me muera.

Los huevos con aceile, los colehues, está graznando, las parejas de a tres, estaba rinco el rarinco, el disculpao, las películas de convoy, el Budweiser, el chacolate. Seguro que más de alguno ya encontró alguna. Si la encontraste y te reíste, que bueno, eres de los míos.

¿Y en las pichangas?, era que no, la primera va por cuenta del Chupete, y donde, era que no, había llovido y se mandó la frase que hasta hoy me acompaña "La cancha está todo en cochiná con barro". Otra que siempre se acuerda el Zoa es la del Héctor cuando les dijo enojado a unos que iban a jugar después de nosotros: "Salga de la Kenchaaaaa" y la última, una del Papa, cuando, ya casi terminaba el partido y el marcador era súper amplio y dice "¡El partido está lipidado!".

Obviamente el balón de Oro se lo llevó la que le dijeron al Papa, y yo cachó que va a ser lo primero que le voy a decir cuando lo vea la próxima vez: "¡Tanto tiempo pu  DASTI POLI!"
 

 

El partido con todos (japezoa)

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Lo que hoy en día sería un viaje de unos minutos en Uber para llegar a las canchas de la "Monte Cea", en la mente de un niño es una aventura de todo un día, ¡Si había que atravesar media ciudad!, bah como si la cuidad hubiera sido tan grande...
 
Partamos diciendo que el destino eran las "Canchas de la Monte Cea", sólo se podía llegar allá en vehículo y había que atravesar por un antiguo puente de madera el caudaloso río Quilque. Posiblemente lo encontraran como Estero en algunos lados, pero no es más que falta de información, había que estar ahí. Teníamos que ir para allá porque era la cancha más cerca que teníamos, con dimensiones y arcos profesionales y claro, eran canchas de tierra, que van a creer que era de pasto, si esto no es ficción. Para ese tiempo ya no estaba la Cancha del Cóndor, esa que estaba al lado del paso del Buitre, porque empezaron a construir la Villa Obispo, el progreso que le dicen.
El motivo era un partido que se organizó y donde el único requisito era haber jugado alguna vez en nuestra cancha, "La Bombonera", que aunque era para 7 no más, era tan pero tan pulenta, que quedaba al lado de la Iglesia, así que cualquier cosa, las mandá a llorar eran señalándola para que fueran altiro. Igual, ya le hice un relato para ella solita
 
Se salía de la casa del guatón Ricardo, quizás en otro de estos relatos les cuente más de él, pero mejor le pregunto, sino me cobra derechos de autor o me demanda, pero les adelanto que siempre andaba con la talla a flor de labios y que mi hermano lo molestaba con que se parecía al Kike Morandé. Si se pregunta por qué se salía de ahí, era porque él tenía una Camioneta, no sé si una Chevrolet C10 o parecida, pero era una de esas donde caen caleta para irse atrás, así que era el transporte ideal. A propósito de mi hermano, a la máquina le decía "El Camión de la Basura". Sí, hasta los autos le teníamos sobrenombres como el "Tanque Felino" o "la Nola"
 
El día del partido y seis horas antes de la hora acordada, ya se veía que la jornada no iba a estar fácil, empezaba a llegar gente y esperaban en la plaza que está en diagonal a la casa del Ricardo, por donde vive el Pinto y el Contreras. Para hacerla corta, llegó la hora y guatón dijo "ya cauros, nos vamos, súbanse todos como puedan". Era tanta la gente, que algunos quedaron abajo y mientras empezaba a andar los íbamos subiendo. Encima teníamos una sola ruta posible y pasábamos por todas las poblaciones de donde venían siempre a jugar: De "La Ruca", en "La Endesa" ahí apareció el Contreras, se subió al techo de un auto y se tiró arriba de la camioneta cara dura, cayó encima del Papa y mío, me ve y me dijo "¡¡¡Qué pasa Chuaspiiii!!!, no me perdía el partido nica". En la Galvarino, aparecieron los Cochones que andaban ensayando, venían con los instrumentos y amplificadores, echaron todo arriba y seguimos. En la vuelta que dimos ya pa ir "pal lado de la vega" y saliendo de la Galva Death, casi se no cae el Chupete, menos mal que lo agarró de las patas el Lester, de pura raja se salvó.
Aparecía gente corriendo y subiéndose a cada rato, ya casi llegando al puente para entrar a la Pedro Lagos, estoy hablando del tiempo que habían dos puentes no más, ahora tienen puentes cada dos cuadras. Bueno, ahí se subió el Claudio, el Abuelo y el Pelao Córdova que venían de la casa del guatón corriendo y tratándose de subirse. Si bien pasamos, el crujido que hizo, mínimo lo dejó con fallas estructurales. Yo creo que por eso después lo cerraron pa autos por un tiempo, y después hicieron otro nuevo, hasta barandas tenía. Un favor les hicimos.
 
Un poquito más allá en la Pedro Lagos, vemos al Zoa con su raqueta, bolso y tenida para jugar tenis. Nos vio y no le importó nada, echó todo arriba y seguimos. Estábamos en la parte final, y que era en subida, con eso ya estábamos listos, la camioneta estaba en las últimas, humiaba por todos lados y en eso, se ve la sombra de un gordo que viene corriendo... dijimos cagamos, este se sube y no llegamos. Cuando finalemente lo vimos, ahí respiramos tranquilos, era el Pato Mella que venía con la pelota y como la tomó, parecía la guata. Menos mal que este es flaco, así que fue como echarle un vaso de agua al mar. Pasamos Avenida Alemania y por fin llegamos.
 
¿Saben cuantos fueron a jugar? ¡fueron todos!, o sea no te digo que los contáramos, era imposible porque mucha gente jugó en nuestra cancha. Lo que les puedo decir es que cada vez que te encuentres con alguien que jugó en La Bombonera, te va a decir que él fue a esa pichanga en La Monte Cea. Yo una vez empecé a anotar a los que me acordaba que vi ese día, y después con el tiempo me decían de otros y aparecía más y más gente. Entre tantos años y las mudanzas perdí ese libro, pero más de 200 nombres habían seguro. Después ya no continué con esa búsqueda, hasta ahora, que empecé a hacer esta lista de nuevo, y me acuerdo sólo los del relato y algunos más, pero mi memoria ya está muy frágil.
 
A VER SI ME AYUDAN AGREGANDO A LOS DEMÁS:
Guatón Ricardo, el Chalo, El Pelao Córdova, el Chupete, El Lester, Harry, el H, el Mauri Quinteros, Guille Núñez (ese que según el Felipe vomitó leche con plátanos y longanizas), Lipresio, Negro Raúl, los 2 Pinto, los cochones, el Isra, el Zoa, Héctor, el Contreras, el pequeño Juan, el Abuelo, el Quezada, el Pelao Córdova, todos los Jure, Zafita, Claudio y el Alvaro Lagos, el Papa, el Conejo, el Pili, Mamasan, el Flauta, el Nestor, Pato Mella, Samba, el Chino Murua, el PJ, el Galindo.
 

 

Los primeros y el último (japezoa)

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En las pichangas casi todo se improvisaba a la hora de armarlas: la cancha era la vereda o la calle, si total autos casi ni pasaban, así que un grito de "¡Auto!", se paraba todo y unos segundos después como si nada. La pelota podía ser de tenis, de plástico, de playa o de casco. Ni el aire importaba tanto, con tal de que rodara bastaba. 


Al hablar de los arcos, ya la cosa se empezaba a complicar, porque era un árbol y una piedra o unas mochilas, y la altura del horizontal y la proyección de la piedra a la vertical, eran interpretaciones, que obviamente generaban intensos debates, y que generalmente terminaban cuando alguna de las partes cedía al famoso "gol o penal".

Para armar los equipos, habían 2 capitanes, que se elegían porque eran los mejores o los más cabrones y tenían la misión de elegir uno a uno a quién quería en su equipo.

Lo primero era decidir quién partía eligiendo y en mi época usábamos "los pasitos", donde los capitanes se ponían de frente y con los pies juntos, daban un paso cada uno, poniendo el talón en la punta de la otra zapatilla. Ganaba el que le pisaba la zapatilla al otro. 

Finalmente empezaba la selección y también el drama. A medida que iban quedando menos por seleccionar y tú todavía estabas ahí, la cosa se hacía más desesperante, algunos levantaban la mano señalándose. Otros, dejando el pudor de lado decían: "¡A mí porfa!". Al final, la mayoría, ya sin fé, esperaba en silencio ese momento, como en el patíbulo y cuando se elegía al penúltimo, ya sabías que ni siquiera oirías tu nombre... pero como todo puede emperar, a veces le escuchabas al capitán: "Ya weon, ven pa acá, pero jugai al arco".

Siga, siga (japezoa)

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Este loco tenía facha, era de los "chicos populares" en el colegio donde estudiaba. Taquilleros le decíamos nosotros. Aparte tocaba guitarra eléctrica, andaba en moto y más encima era bueno para la pelota. Nada que ver a como éramos nosotros, excepto por el fútbol, pero igual nos juntábamos harto.

Un día, terminada una pichanga, me dijo: "¿Por qué no te inscribes en el Club que yo juego?". A mí me gustaba jugar, pero era remalo. Insistió tanto que al final de dije que bueno, así que fuimos a la sede del club (una oficina chica) y me inscribí como jugador de Magallanes, pero es como decir el Barcelona de Guayaquil, o sea un equipo amateur del sur de Chile.
 
Mi amigo jugaba de 10, de esos zurdos que van con la pelota pegada al pie, pero que ponen pases al vacío o le pegan fuerte y al ángulo cuando tienen la oportunidad. Por mi lado, en el primer partido el "profe" me dice: ¿De qué jugai?", ya les dije que era malo, pero no gil. En este tiempo se jugaba 4-4-2 con dos volantes de contención, un 10 y el famoso "8" o volante de enlace, y que según yo era el que pasaba más piola, así que mi respuesta fue instantánea: "¡De 8!".
 
En el segundo partido, nos tocó jugar de visita, en la población mas pelua de la ciudad. Habían historias de una viejas persiguiendo al árbitro con ollas con agua hirviendo o de hinchas apretando al árbitro casi dentro de la cancha. 
 
Pitazo inicial, se la tocan a mi amigo y empieza a bailar, viene el primer rival, hace como que va a ir a su derecha, flexiona un poco las rodillas, y al cambiar de dirección, el pie izquierdo toca el balón, al instante se apoya en el pasto y se come el caño, todo en el mismo pack. Una belleza. El segundo que apareció, sabía perfectamente lo que hacía y que estaba dentro de esos "5 minutos libres de los locales": un codazo en la mandíbula y le quita la pelota, Mi amigo en el piso sin moverse, el cobro era evidente, pero escucho al árbitro decir "siga, siga". 
 
Del partido, poco que decir, nos ganaron 4 a 1, pero me quedó esa imagen grabada. También acá terminó mi carrera como futbolista porque me dio sarampión, pero eso no es parte de esta historia.
 
Con el pasos de los años, me fui a estudiar a Concepción y luego a trabajar a la capital, y nos dejamos de visitar. La tecnología, al menos en estos tiempos, sirve para saber cómo están estas amistades o hacer video llamadas para conversar un ratito.
 
Un día me entero que él volviendo del trabajo, lo choca otro auto que iba a unas "carreras clandestinas". Lo primero que se me vino a la cabeza fue la imagen del codazo, y como un hijo de puta puede arrebatarte algo a pesar de que tú hagas las cosas de buena fé.



El Larengo (japezoa)

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No éramos amigos, basta con decirles que hasta el día de hoy no sé su nombre real, sólo que le decían "el Larengo" y que vivía en una de las poblaciones de las de al lado de las nuestras.
Cuando era chico, salía a caminar sin un rumbo fijo en busca de alguien que juntara láminas. Ni siquiera era necesario que llevaras el álbum, cuando te quedaban pocas te las sabías de memoria, sino la otra alternativa era andar con un papelito con los números y lo ibas tachando. En una de esas caminatas, tratando de completar el de Italia 90, conocí al personaje de esta historia.
La cuestión es que, al primero que se le cruzara por delante, uno  lo miraba y le preguntaba: "¿Tení láminas?".  Luego de su respuesta afirmativa comenzamos el ritual: Le paso mi "turro" de láminas, y él me pasa el suyo. Hasta ahí todo bien, lo raro empezó cuando al pasar de una lámina a otra decía "larengo, larengo, no larengo, larengo, larengo..."




Goleado en Bicicleta (japezoa)

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Domingo de verano en Santiago, paseo en la cleta y por fin pude estrenar la camiseta de Boca que me regaló mi cuñada hace 3 años atrás, antes no me entraba ni a palos.

Pasando por el Parque de Los Reyes, sale una pelota de la cancha y llega cerca mío. Me bajo, tomo la pelota y con la otra agarro el manubrio. La pateo, da contra las rejas y vuelve a mí. Escucho unas pifias y una risas. "Fue porque tenía agarrada la bici", fue lo primero que pensé, que es la típica reacción que uno tiene, para echarle la culpa a cualquier cosa, menos a uno.

"Ahora la hago bien, fuerte y con altura, nada puede salir mal". Dejo primero la bicicleta en el suelo, agarro el balón, lo mido y veo como va por el aire, muy por arriba de la reja, pero no para el poste de luz que había, choca justo y de nuevo de vuelta para afuera. Ahora sí, las risas son carcajadas y hasta un "es para hoy amigo" me dijeron.

Abortamos misión y pasamos al Plan B. Agarro la pelota con la mano, me acerco y la tiro, ahora si, adentro de la cancha. Se escuchan aplausos, sé que son de burla, pero ya no había nada que hacer. Avergonzado, me doy media vuelta, y empiezo a caminar para seguir pedaleando. Recién ahí me di cuenta que era goleada cuando escucho que alguien grita: "¡AGUANTE GARY!".


Nuestra Bombonera (japezoa)

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No me acuerdo cuándo ni cuál de los cauros le puso así. Supongo que fue en nuestra época de quinceañero, cuando uno se cree rebelde. El nombre calzaba perfecto, porque queríamos que nos respetaran cuando iba alguien a jugar de visita, tal como lo escuchábamos cuando veíamos los resúmenes internacionales, los domingos en la noche en FutGol.

De glamour nuestra cancha tenía muy poco, por no decir nada. De partida era de Trumao, o sea que en verano uno arrastraba los pies y subía un polvillo que te hacía estornudar, ni hablar de las pelas en las rodillas cuando uno se caía, costra segura. En invierno con la lluvia, se formaba un fango que si te quedabas parado te empezabas a hundir y no te dejaba arrancar cuando querías picar para ir a buscar una pelota.

Historias hay varias, como cuando el Claudio no lavó sus chuteadores Lotto, esos mismos que usaba Zamorano, y al próximo partido no pudo ir a jugar porque se habían podrido o cuando el Trastorner se puso al arco y no encontró nada mejor que hacer unas bolas de barro, para tirárselas al delantero antes de patear... esa tarde salvó varios goles así y también le dio justo en la cara a uno.

Como en el sur llueve casi todo el año, al llegar a la casa también había show, porque parecíamos sacados de la película el Señor de las moscas en vez de haber venido de un partido de fútbol. De la reja ya escuchaba a mi mamá decir "¡Pero mira como vienen!", había que sacarse casi toda la ropa en la entrada e ir directo a la ducha, después la pobre vieja tenía que lavar separada esa ropa.

Ya de grande, tuve la posibilidad de ir a la verdadera, a  un Superclásico, con un River al borde de irse a la B, con Román en cancha y viendo a Palermo hacer su último gol: Climax total. Y para que lo sepan, es cierto lo que dicen, la Bombonera late, pero ni se acerca a como lo hace mi corazón cuando recuerdo esas pichangas en la nuestra.


Taca-Taca con Offside (japezoa)

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Allá en el sur, en la casa del "Negro", su papá, el "tío Raúl", tenía el típico negocio donde uno iba a comprar golosinas y las mamás, algo que faltó para el almuerzo o la once, sin tener que ir al Supermercado. La cosa es que, visionario el hombre, había ampliado el giro, y puso atrás, en el patio un taca-taca y 2 videojuegos, el Slap Fight y el Double Dragon. Era como que nos hubieran traído Fantasilandia a la vuelta de la esquina.

Un día que fuimos a jugar más tarde de lo habitual, estaban los más grandes en el taca, pero no sólo eso, estaban los más pro y en un campeonato. No habían apuestas, sólo era por el honor y zafar de pagar la ficha, pero si alguien hacía un remolino, sabían que le esperaban sus merecidas patas en la raja.

Como había que hacer fila, mientras miraba al que estaba jugando en el Double Dragon, de repente escucho que el "Samba" grita "Offside!!! Offside!!!", cómo no entendí cómo podía ser eso posible, me acerque lo que más pude, o mejor dicho, hasta donde mi instinto me dijera, no quería que se notara mi presencia, tenía que pasar piola, porque para mí, esto era como estar en una pelea de gallos clandestinos. Igual caché todo y como se las ingeniaron para poner esta regla al taca: Cuando había un gol, el que estaba jugando al arco, rápidamente trataba de alcanzar con su mano la pelota antes que se fuera por la canaleta. Si lo lograba era Offside sino, obviamente que era gol. Estos weones habían inventado el VAR hace más de 25 años atrás... ¡y encima este no se equivocaba!


¡Soy Inocente! (japezoa)

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Tenía 11 años, pero hay recuerdos claros. Era domingo seguro, el mejor día de la semana, porque venían mis tíos y "los chiquillos", que eran mis dos primos y que, junto con mi hermano, completaban la pandilla de esa infancia pura, que con el tiempo uno va perdiendo...

Cuando estábamos juntos, la diversión estaba garantizada, jugábamos a los autitos, ping pong, andar en bici, íbamos a las carreras, al río, a pescar, y tantas otras cosas más, ¿Y a la pelota?, ¡claro que sí!, pero acá viene lo bonito... no a todos le gustaba jugar, pero iban igual, por el de al lado. Así somos cuando niños.

Días antes del partido, en la tele decían: "Brasil nunca ha quedado fuera de un Mundial". Así nos enseñaron, a perder antes de empezar a jugar, a no tener siquiera una ilusión. Al "jugamos como nunca y perdimos como siempre", esa maldita frase que se repetía una y otra vez, como si nos sintiéramos orgullosos.

Ese 3 de Septiembre de 1989, y ya con el partido 1 a 0 abajo, nos fuimos los 4 a jugar a los flipper que habían en el negocio de la casa de un amigo. Ya de vuelta, la tía futbolera de la familia nos dice: "no saben na', quedó la embarrada, le tiraron una bengala al Cóndor Rojas". En la noche en el noticiero, y lo digo en singular porque era el único canal que llegaba, mostraban imágenes de gente apedreando la embajada de Brasil, parecía más una guerra que un evento deportivo.

Semanas después, el Cóndor dijo que él se había cortado, y de verdad, yo no me lo creí, por qué mi ídolo decía eso, no tenía explicación, ¿o era yo el que no entendía?

Con el paso de los años mi di cuenta que yo también fui culpable, culpable de mi inocencia, de creer que esto era un juego como los que hacíamos con mi hermano y mis primos, y en donde no habían trampas....





La Copa de la redención (japezoa)

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La historia había terminado mal, y no tenía por qué haber terminado así: "fue bueno mientras duró cauros", dijo uno en el grupo de amigos de Whatsapp del 3er Tiempo que tenemos, y dónde nos creemos jugadores, entrenadores y analistas deportivos. 

Nos habíamos quedado fuera de Rusia 2018 contra Brasil. El más campeón de todos nos daba la estocada final y nos devolvía a la realidad que veíamos desde siempre. Luego vinieron las declaraciones, los conflictos, acusaciones de indisciplina, la lucha de egos. Brasil nos había ganado pero la soberbia nos golió.

Entrenador nuevo y nuevo proceso. Rueda buscó y buscó, pero no encontró muchas alternativas, así que fue a la Copa América con los de siempre y un par de nombres nuevos. En la hinchada habían más dudas que certezas, pero esa llama de pasión que nos da la Roja es incombustible.

Empezó la Copa y con el correr de los partidos este equipo maravilloso nuevamente nos alimentaba con esperanzas y soñando con otro campeonato.

En cuartos y semis nos tocó con Colombia y Perú, precisamente los que nos dejaron afuera del mundial cuando hicieron "El pacto de Lima", en una actitud antideportiva. Nosotros, con tejado de vidrio, no podemos hablar, ya que nuestro "Maracanazo", fue catalogado como el peor bochorno de la historia del fútbol.

A Colombia se le ganó, pero con Perú no se pudo... se intentó, se puso talento, garra y corazón, pero simplemente fue una noche dónde no salió nada... pero lo más importante es que, tanto en la victoria como en la derrota, se luchó como deber ser: sólo con fútbol.

Es verdad, no pudieron salir campeones, pero está generación dorada nos trajo otra Copa, la de la redención, por lo ocurrido exactamente hace 30 años atrás. Esa mancha no se puede olvidar, tal cual dice en el Nacional "Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro", en el mismo recinto donde nos enseñaron esa sensación de ser campeón, pero antes de eso, había que trabajar, y duro, como en la vida, sacrificarse como lo hace todo el pueblo Chileno, dar pequeños avances como ganarle por primera vez a Argentina por los puntos, clasificar de nuevo a un mundial, botar por fin a la basura esa maldita calculadora, ganar en un mundial después de más de medio siglo... pero lo más importante, creer que  queremos y podemos jugarle de igual a igual a cualquiera y a donde sea... todo eso... todo eso sólo lo podía hacer un loco, pero un loco lindo...


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